martes, 22 de abril de 2008

UN PLACER CONOCERTE, AKAKI AKAKIEVICH

Tratando de no recrearme en la pereza que provocan las gestiones administrativas, me armé de responsabilidad cívica para abandonar mi identidad de indocumentada y adquirir un nuevo DNI, después de un robo.

De camino a las oficinas de la Policía Nacional iba recabando todo el léxico burocrático acumulado en mi imaginario: No , no. No por pérdida, por extracción. En efecto. ¿Conque un cargo por robo?, aha, comprendo. Una vez desprendida de toda afectación en mi expresión, decidí no abarcar más vocabulario que el de una máquina expendedora que, como además ni siente ni padece, sería capaz de pasar horas en una cola generosa a la espera de un turno, rodeada de otros indocumentados, con la misma prisa, las misma cantidad de obligaciones y la misma desidia hacia la gestión en sí.

Con estos pensamientos me entretenía mientras jugaba con aquel fragmento de la novela “El capote”de Gógol: “En este mundo no hay nada más enojoso que los departamentos, regimientos, oficinas del gobierno y, en una palabra, los organismos oficiales de toda clase”.

Llegué a la oficina y me disculpé por llegar tarde a la cita que había concertado previamente por teléfono, alegando que me habían entretenido en la Comisaría con todo el asunto de la denuncia, y bla, bla, bla. El tipo de la recepción me miró como se mira un problema matemático de estos de: Un funcionario tiene 25 clientes. Llega una diciendo qua tiene cita, pero que llega tarde. Si a 26 le restamos 1, sólo quedan 25 clientes más para atender. ¿Qué haces con el inoportuno recién llegado?

El tipo se levanta, me conduce a la sala de espera y grita: Aquí hay una joven que tenía hora para las diez, que nadie avance. José Antonio, para ti. Y el tráfico de machupichus, suspiros e legales se detiene para dejarme paso, para mi sorpresa y la de todos los indocumentados.

Y me recibe José Antonio, un funcionario muy poco parecido a ese otro “un poco corto de estatura, un poco picado de viruelas, un poco pelirrojo, un poco miope, un poco calvo en la coronilla, con arrugas en ambas mejillas y ese color de cara que llaman hemorroidal”.Gestiona mi asunto con total eficacia y me dice: Ahora, la prueba ortográfica, echa aquí una firmita. Y luego: Así que de Ciencias ¿eh? Y yo: Qué va, de letras. Y él: Pues tienes unos trazos muy definidos, generalmente los de Letras tenemos la grafía más redonda y desordenada...y ¿qué estudias? Contesto: Periodismo. Replica: Qué suerte. Pues yo estudié diez años en la facultad de al lado, en Derecho. Y ahora que los hijos son mayores y que tengo más tiempo, he empezado Filosofía. La verdad es que prefiero eso que apuntarme a un sindicato o a las reuniones de policías en el bar. Y luego me sonríe y me dice: Ya hemos terminado. Aquí tienes...encantado de conocerte.

De golpe, se reinicia el acostumbrado jaleo, el taconeo en el suelo, el ruido de papeles, y algún que otro ay. Y yo me detengo en la puerta de aquel “departamento de marras” para observar encantada esa oficina en la que los trabajadores se intercambian sonrisas, se ofrecen cafés y se relevan los turnos de un cargo tedioso. Y me dirijo secretamente a José Antonio para decirle: “Un placer conocerte, Akaki Akakievich”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué tierno es Akaki! El pobre es tan meidocre que al final le coges cariño...Me encanta tu columna, así que voy a estrenarte el comentario diciéndote: ¡Enhorabuena! Un abrazo,
Bego

Akaki dijo...

Encantado!jeje, es broma, me gusto lo que escribiste, ya hace un tiempo...

un saludo